Lid

Nuevamente está creciendo rápidamente en mi plexo solar, esa ansiedad tormentosa impregnada de angustia producto de los desechos que ha dejado el mal recuerdo, las malas vivencias. ¡Que alguien le apague! La Ciénaga está vaporizando mis límites con el delirio de su tormentosa soledad nostálgica, ¡yo no elegí vivir así, no puedes poseerme! -se extiende absoluta.
Todos sus delirios de emancipación se amontonan de golpe en aquellos irritados cristales, gritos ahogados en cada gesto nervioso, trata de negarse la situación, lid. Levanta las alas cálidas, sus manos frías como las lágrimas derramadas, impotencia. Silencio y una respiración agitada, memorias regadas ¡Que alguien le abrace! - no hay nadie. Suspendidas esperan sus piezas metálicas, alguien debe juntarles otra vez, ¡No es justo!-grita, cae arrodillada ante el vapor y desaparece.  

Muy poco, muy tarde.

Los relatos que he guardado como percepciones icónicas y móviles se quedarán junto a las obras artísticas oníricas que consideré aberrantes para esta realidad en la que me han insertado. Si es necesario un neutralizador para cierta proliferación de receptores e impedir así una nueva arborización y conseguirlo a través de una píldora fuese posible, sofocaría esta conexión, la órbita cesaría y la manifestación de la memoria se anularía. Todo lo ponzoñoso por mi conocido se suspendería eternamente allí entre contextos olvidados, justo ante los ojos del firmamento, pero no entre mi memento. Accedería a un cambio químico, aceptaría una manipulación consciente, si es así como alcanzaré esa vida ideal que tanto me dibujaste.

No hay perdon para Wolgarnis

Las bellas palabras rebosadas en ilusiones, las mismas que bordaban todas las promesas se transforman ahora en desperdicios. Creer en ti fue mi último aliento tras tus afiladas mentiras, que como dagas envenenadas palpita aún su veneno en mi sangre. La fábula de los guerreros, sus zorros y lobos entre castillos y tierras polidimensionales que compartían a través de portales. La triste historia de quienes no podían ser.
Ensueño y veneno, un oleaje que besaba las orillas del antes puro cristal… tan firmes ideales y tan poco valor se les otorga; veo su marchitar, puedo distinguir los rasgos de la muerte en sus ojos, tristes y dañados. Podría otorgar medallas por cada nunca jamás, si tan solo me fuese posible vivir en tu tierra de promesas y quedarme allí cazando rasgos de sinceridad y verdad… Pero no, estoy aquí a tu lado desperdiciando lágrimas mientras tu duermes sosegado, bajo el calor de mi alcoba. Sigo aquí sintiendo morir los minutos, hablando un poco con mis demonios, vaciando el vaso de angustia en mi pecho tras cada nuevo número en la pantalla. No hay como entender a la hija del desdén, no se le puede querer así, tal cual es. No hay perdón para Wolgarnis, otro invierno para su acorazado.
Porque detestas que descubra tus mentiras, y me disfrazo yo de indignación cuando es el veneno doloroso de las mentiras el que me empuja a llorar a solas. Las respuestas sencillas son las sinceras, las distancias carcomiendo lo bueno, descomponiendo lo bello y tu tranquilo durmiendo. Yo deseaba escribir sobre dulces situaciones, y ahora no soporto leer dos páginas de mi propia vida.

Híbrido

¿Porque te escondes dulce criatura de ojos brillantes? Sé que estás ahí ronroneando entre luciérnagas, regocijándote al recorrer lagunas con libélulas azules, contemplando los eclipses lunares entre follajes extraordinarios. Eres una sombra cálida tras los álamos, escurriéndote junto al silbido de sus hojas al son de la brisa, eres esa flor de loto que abre por las noches como canta confundido el zorzal a la luna. ¿Vas siempre contra el tiempo, viento y lamento? Tan enigmáticas estrategias desperdigadas en semillas de la flor que concede deseos… déjame adquirir tus miradas, sentir tu calidez en mi piel y ese vasallaje eterno en lealtad, déjame volver a mi verdadero ser.

¿Con que propósito?

He tendido para ti el terciopelo granate de mis salones más pulidos, has deambulado en REM incontables ocasiones madrugadas completas entre los tres pilares que sostienen mi esperanza, allí te has quedado rondando, jurando  promesas  inconclusas que pronto olvidaras y finalmente no te dejaran  aire que respirar.  En el tiempo que me hallo confusa,  al borde de la histeria, recolectando cada trozo fugaz que simbolice en mí recuerdo algún trazo de franqueza.
 Entre los salones refracta el sollozo quebrantado de las noches desperdiciadas, de las caricias vedadas y las extintas llamas azules de un amor no ejecutado. Trona con fragor la reverberación  mustia; engendrada en mi frustración, en tu medrosa postura y ahogada en mi garganta. Cual despojos regados por todo el piso, colgados, enganchados, medio rasgados, cada “lo siento” que terminó donde comenzó. Y aquí la hija angustiada, la mujer negada, apresurada con múltiples frascos, recolectando las escasas mariposas blancas. Todo esto  ¿Con que propósito? Si su caballero viste armaduras de papel y el único destello iridiscente es el de las lágrimas perdidas entre contiendas desertadas.  ¿Con que propósito?  Bien yo no conozco,  están siempre sus brazos, conteniendo, sanando,  estrechando la esperanza a su piel, entre ambos, por ambos.

Los acorazados si sienten, frío. Son extremadamente sensibles a la deslealtad, a la mentira, a la burla irrespetuosa. Entonces, por ello, son agresivos, apasionados, lunáticos, irreverentes, soberbios. Puede que no sea solo cristal, nevadas y témpanos su existencia. Probable es su condición ajena, ritualista, extravagante, detallista, ensimismado.
Mira; Te lo encuentras justo detrás de una sonrisa reducida a mueca, en medio de un longevo silencio doloroso y sin lágrimas, están suspendidos en el horizonte granate, decolorándose a cada bombear, él está aquí… con sus ecos, en medio de este trozo de firmamento fulminado a medio tejer de mi plexo solar.  
Antes existía bonito; transparente y suave, cálido al tacto, ronroneándole a las bellas palabras, regodeándose entre la pureza y sinceridad compartida, con tantas promesas correspondidas, salpicando de detalles únicos todo lo que lograba alcanzar con sus latidos. Era el mejor.
Inmediatamente después de su magna caída pasó años resguardado en un ciruelo, estudiando con admiración la metamorfosis de los gorriones, deseoso de sanar, inspirado en sus grandes esfuerzos en soledad; empero pasó tanto intentando en solitario que cayendo en las artimañas ajenas se consumió reparando los daños de maneras complejas, agotadoras. Constante pasaba sus mejores tiempos arreglándolo todo y creando estrategias de protección, tanto así, que los fríos inviernos de aquellos años le terminaron atrapando en medio de múltiples capas día y noche. Junto con éstas llego el hielo, se agruparon capas, miles de capas de finísimo cristal en sus superficies y finalmente llegaron ellas a resguardarse, las invaluables, las blancas aladas, todas sus ilusiones.